El duelo es la reacción natural que tiene una persona ante una pérdida importante, ya sea tangible o no. En esta ocasión te comparto los diferentes tipos de duelo por los que puede pasar el ser humano, con base en la Psicología, la Psiquiatría, y la Tanatología.
Duelo normal (O agudo)
Es la respuesta emocional y conductual esperada tras una pérdida importante. Esto incluye tristeza, añoranza, llanto, alteraciones del sueño y ciertas oscilaciones del ánimo. Aunque puede ser doloroso, este duelo suele atenuarse de forma paulatina conforme la persona asimila la pérdida y reorganiza su vida.
Duelo anticipatorio
Este duelo se inicia antes de la muerte o una separación real, como en las enfermedades terminales. Esto le permite a la persona empezar a procesar la pérdida, despedirse y reorganizar algunos roles, aunque también puede generar culpa o un agotamiento emocional prolongado.
Duelo complicado
Es un término general que agrupa todas las formas de duelo que no siguen el proceso de recuperación esperado. En este caso, la intensidad, duración o forma de manifestarse interfiere de manera seria en el funcionamiento diario, lo cual puede requerir una intervención especializada.
Duelo crónico
Esta es una forma de duelo complicado en la cual el dolor persiste sin una disminución notable durante varios años. Aquí la persona sigue centrada en la pérdida, con una añoranza constante y una dificultad para retomar sus propios proyectos o disfrutar de la vida.
Duelo retrasado o diferido
En este caso, la reacción de duelo se pospone. Al principio parece una ausencia de dolor, pero emerge meses o años después, desencadenada en muchas ocasiones por un estímulo simbólico. Muchas veces, esto puede sorprender tanto al propio doliente como al entorno.
Duelo exagerado
Esta es la respuesta a través de algunos síntomas desbordantes, como un llanto inconsolable, una ansiedad extrema, ciertas conductas autodestructivas o el abuso de sustancias. Aquí el sufrimiento rebasa los recursos habituales del doliente y el riesgo de padecer algunas complicaciones psiquiátricas aumenta.
Duelo enmascarado
Aquí el dolor se expresa indirectamente mediante síntomas físicos (Dolores somáticos e insomnio) o algunas conductas problemáticas. En este duelo, la persona no reconoce la relación con la pérdida, lo cual hace difícil el diagnóstico y el tratamiento.
Trastorno de duelo prolongado (DSM-5-TR / CIE-11)
Este es un diagnóstico clínico que posee síntomas nucleares de añoranza o intensa preocupación por el fallecido durante más de 12 meses, con un deterioro funcional importante. Esto requiere una intervención clínica específica basada en psicoterapia y, en ocasiones, farmacoterapia.
Duelo inhibido o ausente
Es el bloqueo consciente o inconsciente de la expresión de dolor. Aquí la persona mantiene una apariencia de normalidad, reprime sus emociones y evita los recuerdos de lo perdido, lo cual puede derivar en una serie de síntomas psicosomáticos o algunas explosiones emocionales posteriores.
Duelo desautorizado (Disenfranchised)
Este se produce cuando la sociedad no le da legitimidad a la pérdida que sufre una persona (Por ejemplo, la pérdida de un amante, una mascota o un aborto espontáneo) y hay una falta de apoyo grupal, lo cual aumenta la soledad y complica la elaboración del duelo.
Duelo ambiguo
En este tipo de duelo, la pérdida carece de un cierre claro. Aquí la persona está presente de manera física, pero no de manera psicológica (Demencia) o viceversa (Desapariciones). De este modo, la incertidumbre genera un estrés prolongado y hace difícil llevar a cabo los rituales convencionales de despedida.
Duelo traumático
Este ocurre tras las muertes violentas, súbitas o presenciadas. Este tipo combina ciertos síntomas de trauma (Intrusiones e hipervigilancia) y duelo, elevando así el riesgo de padecer trastorno de estrés postraumático y trastorno de duelo prolongado.
Duelo acumulativo
Este tipo de duelo es una cadena de pérdidas sin el tiempo suficiente para recuperarse entre cada una de ellas. Aquí la sobrecarga emocional agota los recursos de afrontamiento del doliente e incrementa la probabilidad de que aparezca un duelo complicado o incluso una depresión.
Duelo secundario
Este se deriva de las consecuencias colaterales de una pérdida principal, como la muerte de un familiar. Algunas consecuencias pueden ser los cambios de rol, situación financiera o círculo social. Estos daños adicionales intensifican el impacto emocional del doliente.
Duelo colectivo o social
Este duelo lo experimentan comunidades enteras tras algunos desastres, pandemias o la muerte de una figura pública. Aquí se expresan rituales compartidos, la memoria colectiva y varias acciones de apoyo mutuo para reconstruir la cohesión grupal.
Duelo migratorio (Duelo cultural)
Esta es la pérdida de país, lengua, redes y estatus al emigrar. Este tipo de duelo combina nostalgia, choque cultural y la adaptación a nuevas normas, lo cual puede generar cierto grado de melancolía o una identidad fragmentada.
Duelo simbólico
Este tipo de duelo abarca las pérdidas intangibles, como la salud, empleo, identidad o ciertas expectativas vitales. Aunque no hay una muerte física, el impacto emocional en quien lo vive puede ser equiparable y requiere una atención terapéutica.
Duelo perinatal / neonatal
Es el dolor derivado de una muerte fetal, neonatal o del recién nacido, la cual afecta a la madre, al padre y la familia. Aquí la madre enfrenta algunos tabúes sociales, un choque emocional intenso y otras particularidades hormonales del posparto, lo cual necesita una atención especializada.
